jueves, 29 de octubre de 2009

El Maasai Mara

Por fin llegó el momento de uno de los viajes más esperados de todo el año, la visita a la reserva Maasai Mara, que significa “planicies Maasai”, de la tribu más representativa de Kenia y una de las más conocidas en África por conservar sus tradiciones, atuendos y estilo de vida a pesar del proceso de globalización que se sufre en todos los rincones del planeta. Además de ser posible en este lugar el ver a los indígenas Maasai, mas que esto allí se puede observar una de las concentraciones más altas de mamíferos grandes del planeta, todo desde un carro, el llamado “safari” que proviene del idioma suajili, la lengua nacional de Kenia y Tanzania, que traduce “viaje”.

Reunimos un grupo de 18 entrenados, todos amigos, para poder ir a dicho lugar consiguiendo una reducción considerable de los costos. Ibamos en dos matatus llenos, luego de un desayuno en la mañana del 31 de julio y cargados de bebidas en los maletines, pues era lo único que incluía el costo del viaje por 3 días que fue aproximadamente de 500 mil pesos. Tomamos el camino fuera de Nairobi en medio del bullicio y la emoción del grupo por la gran expectativa de ir al Maasai Mara desde que todos nosotros habíamos aterrizado en ese país, pues puede ser el punto cumbre de nuestra experiencia de intercambio. Llega entonces la primera parada donde tomamos de nuevo fotografías del Gran Valle del Rift, pues por allí es el desvío para dirigirnos a la reserva y luego de continuar un par de horas más ya estábamos llegando a un caserío Maasai en medio de la sabana africana llamado Narok. Paramos allí en un restaurante de comida típica del país para el almuerzo y nos enrutamos un par de horas más para entrar al área de conservación.

Se veían a lado y lado de la carretera los remolinos de polvo de las tierras secas de la sabana y las diferentes geoformas en la lejanía de lo que uno siempre se imagina de África o de lo que ha visto en documentales por bastante tiempo en el camino, y a medida que se avanza cada vez es más difícil localizar los asentamientos humanos, sólo se veía de vez en cuando pequeños caseríos habitados exclusivamente por gente de la tribu. Siguiendo la carretera destapada, repentinamente paramos en el matatu porque justo al lado de la carretera, sin estar en la reserva todavía, se veían dos grandes jirafas Maasai, la cual es una especia diferente a la jirafa común al ser más alta y oscura en sus parches. Unos kilómetros más y descargamos para instalarnos en un campamento que quedaba justo fuera de la reserva para ahorrar costos, no obstante las carpas eran muy grandes, con camas permanentes, mosquiteros, piso en concreto, techo, y conectado a un baño en la parte trasera lo cual hiciera no tener que envidiarle en nada a un hotel porque a pesar de ser campamento tenía acceso a todas las comodidades.

Planicies Maasai

Campamento

Jirafa Maasai

Nos preguntaban los organizadores que queríamos porque teníamos un par de horas más de luz, y todo el grupo sin dudar acordó salir inmediatamente de safari en los matatus. Arrancamos hacia la entrada de la reserva y unos metros más adelante estaban grandes manadas de ñus y gacelas, eso era sólo el comienzo; seguimos entre antílopes moviéndonos abiertamente por la sabana siguiendo las telaraña de rutas para escoger y nos asomábamos de pié por el techo descapotable desde donde observábamos toda la fauna salvaje. Más tarde los colores en el horizonte cambiaban con el atardecer mientras las acacias servían de fondo de paisaje a las extensas planicies de esta región del país y que dejaba vistas a muchos kilómetros de distancia. Antes que se acabara la luz del día estábamos de regreso en el campamento, todos maravillados por todo lo que pudimos ver en ese corto tiempo y sabiendo todo lo que nos prometía un día completo, el siguiente, de sólo safari.

Matatus para el safari

Antílopes

Paisaje

Atardecer

Junto a todas las carpas había una caseta grande, ese era el lugar donde nos preparaban la comida y nos quedábamos todos los amigos charlando en la noche; pero esa noche continuó con algo especial al nosotros haber organizado un grupo de Maasai que iba a mostrarnos sus danzas típicas; nos preparamos todos junto a una fogata y los Maasai llegaron para mostrarnos sus diferentes actos de bailes combinados con sonidos vocales que servían de instrumento, eso fue una bonita experiencia para todos, pues las personas de esta tribu siempre son muy esquivas al turista esperando sólo dinero de él, pero como se había organizado todo con antelación no tuvimos que ponernos en esas y sólo disfrutamos de todo mientras los mismos Maasai sacaban a nuestros amigos a bailar con ellos, volviéndolo todo una recocha donde terminamos tomándonos fotos, bailando junto a ellos y escuchando historias de cómo hacían para matar a los leones con una daga cuando atacaban el ganado como si fuera algo rutinario.

Baile Maasai

Todos en el Maasai Mara

Video con los Maasai

Antes del amanecer del día siguiente ya todo el grupo estaba listo para emprender el safari después de desayunar y hasta bañarnos con agua caliente que provenía de un tanque sobre una fogata cuyos tubos iban directamente a las carpas, pues las noches en la sabana africana son bastante frías. Las fotos quedaban como catálogos de turismo a esa hora de la mañana por la poca luz del sol que permitía los contrastes sobre la sabana, entonces aprovechamos para continuar hacia el interior de la reserva, y sin más preaviso, nos encontrábamos la primera leona del día y había acabado de casar para sus cachorros que se encontraban al lado y los chacales acechaban para clasificar a parte de la comida mientras la leona no dejaba; todo esto en vivo desde una distancia de menos de 20 metros desde los carros que rodeaban el evento natural. Al continuar nos dimos cuenta que toda la zona era así, andábamos menos de un kilómetro y nos encontrábamos a otros grupos de leones reunidos tomando el sol y en medio de la ruta se nos cruzaban todo tipo de antílopes, venados, ciervos, jirafas y hasta buitres, haciéndolo un gran espectáculo, continuando en el camino con enormes manadas de búfalos, cebras y familias enteras de elefantes.

Amanecer

León

Chacal

Buitre

Búfalos

Elefante

Jirafa

Salimos de ese sector de arbustos de la sabana y nos dirigimos a los enormes pastizales hacia el sur que nos llevaban a la frontera con Tanzania donde se podía observar una de las nuevas 7 maravillas de la naturaleza, la migración de ñus al Maasai Mara desde el parque Serengeti, donde más de un millón de especímenes cruzan el río en la frontera que está infestado de cocodrilos e hipopótamos pero que el fuerte instinto de los ñus y miles de cebras hace que vayan en busca de nuevos pastos cada año en la misma época, concentrándose en cientos de miles en el interior de la reserva. Acelerábamos el paso para ver el magno evento y a lo lejos se empezaban a divisar enormes líneas en diversas formas, filas enteras de animales, tanto cebras como ñus se aglomeraban en las planicies y nosotros en carro podíamos pasar junto a ellos sin que se molestaran. Cruzamos la frontera en un poste en medio del camino que lo indicaba y llegamos al río; no habían animales cruzando en el momento pero sí logré observar hipopótamos de un tamaño tan grande que nunca había imaginado junto a cocodrilos; como para nunca nadar ahí.

Pastizales

En las planicies

Ñu

La migración

Migración de cerca

Hipopótamos

Con hipopótamos al fondo

Siendo más de mediodía, nos devolvimos en el matatu sobre la sabana, pero aprovechamos para hacer una parada y almorzar en medio del lugar donde no nos rodeaba ningún animal a la vista. Continuamos y seguimos viendo aún más animales, incluso algunos que nos habíamos visto anteriormente como el rinoceronte blanco y hasta un guepardo descansando entre los arbustos, y nos impresionaba el hecho de parar en medio del camino porque veíamos leones durmiendo junto a nosotros, tanto así que al final del día quedábamos ya cansados de ver tantos animales diferentes, se necesita pasión para hacerlo por tiempo largos. Regresamos al campamento a descansar, esperar la comida y a celebrar dentro de nuestra carpa el cumpleaños de una amiga polaca en la noche antes que todo el resto de gente del campamento se durmiera.

Rinoceronte

Guepardo

León dormido

Familia del elefante

Llega la nostalgia entonces porque es el último día y nos queda un último safari que iniciamos nuevamente al amanecer dirigiéndonos a nuevos lugares sobre la sabana; el cansancio se hace notar pero la emoción de ver estos espectáculos naturales a la vuelta de unos cientos de metros en carro no cesa. Seguimos con la búsqueda de leones cazando, los felinos son regularmente los animales más carismáticos entre todos los encontrados en las reservas kenianas, y lo logramos después de unos minutos; pareciera que nos posaran continuamente junto a su trofeo, la presa que acaban de matar. Las jirafas, los antílopes, gacelas y demás nos acompañaron siempre en el camino de regreso.


Oryx


León en panorámica

Con la presa

Una jirafa escondiéndose


viernes, 16 de octubre de 2009

LA PUERTA DEL INFIERNO

Acabábamos de salir Camilo y yo de la reserva del Lago Bogoria sin pagar y ya seguíamos echando de cuentas para ver si nos alcanzaba a ir al segundo destino que teníamos planeado en esa salida que era ir al parque nacional Puerta del Infierno. Un par de matatus más nos llevaban camino de regreso a Nairobi pero queríamos parar sobre la marcha en Naivasha para lograr la oportunidad de estar en el parque, entonces entramos a un supermercado para seguir comiendo lo más barato que pudiéramos. Nos dirigimos entonces al sector del lago en Naivasha y buscamos donde dormir, pues ese mismo día no alcanzábamos a entrar al parque ya, pero resultó otro problema porque ya no nos alcanzaba la plata ni para pagar las carpas alquiladas en los lotes junto al lago, entonces terminamos rogándole a la dueña de uno de estos lotes para que nos diera cualquier manera de dormir y ella viéndonos tan mal ya en horas de la noche, decidió hacernos un gran descuento para una de las cabañas desocupadas ese día y nosotros prometer que le mandaríamos amigos para dormir en sus cabañas.


Vimos entonces en la mañana siguiente el espectacular amanecer del lago Naivasha desde fuera de la cabaña que nos habían facilitado y sin ni siquiera desayunar arrancamos camino al parque. Nos tocó coger un matatu que bordeaba el lago y luego una caminata de 2 kilómetros por el desvío que nos llevaba al lugar. Es muy extraña la sensación de entrar en el parque porque se viene de muy cerca del pueblo pero una vez se entra al parque ya hay unos cañones de roca que lo separan completamente de sus alrededores y hace que inmediatamente se sienta el cambio por el aislamiento del sector con los carros y la zona urbana. Entonces empieza lo espectacular del parque porque es único en su género, pues es permitido caminar o ir en bicicleta sin guía por las sabanas y los animales salvajes están por toda parte pudiéndose uno acercar a ellos y disfrutar de la naturaleza en un safari a pie. La sabana estaba dispuesta en medio de cañones enormes de roca que rodeaban el parque, y éstas a su vez se iban disminuyendo en cañones de roca más pequeños que se formaban por los cauces de agua, por eso el nombre del parque de Puerta del Infierno.


Amanecer en el lago

La Puerta del Infierno

Caminando en el parque

Como habíamos llegado justo después del amanecer, los colores de los paisajes cambiaban sobre la sabana y especialmente sobre las rocas de las paredes del parque a medida que caminábamos y tomábamos fotos allí. Seguíamos caminando y ya nos encontrábamos frente a frente con manadas de cebras que, a pesar de haber visto ya bastantes, en esta oportunidad las teníamos justo al lado hasta que se espantaban por su estado natural; también veíamos manadas de antílopes y búfalos a lo lejos mientras desayunábamos en una de las paredes de roca deleitándonos con tal espectáculo. Mientras caminábamos por los circuitos de la Puerta del Infierno libremente, nos perdíamos en medio de arbustos, babuinos y jabalíes que hacían más interesante esa mañana, inclusive viendo a los lejos jirafas que huían al sentir nuestra presencia y la de una que otra turista que pasaba en bicicleta por los circuitos.


Manadas de cebras

Paredes de roca

Carro de paso


Con el paisaje

Jabalí

La segunda parte del parque la constituían los cañones pequeños formados en la roca por quebradas que se perdían en medio de los arbustos. Estaba la posibilidad de caminar entre ellos e inclusive escalar por sus bordes para ir aguas arriba, aunque habían lugares que estaban totalmente secos, en fin, lo bonito estaba en sumergirse en medio de los cañones de piedra. Luego llegamos a la torre de piedra principal que se divisaba desde diversas partes por estar en el centro del parque y tomamos nuestro tiempo para comer lo que nos quedaba de almuerzo. Ya por el cansancio, no queríamos regresar todo el camino a pie, pues eran bastantes kilómetros y el día anterior habíamos también caminado bastante, entonces cuando fuimos a la carretera aprovechamos el paso de un camión de una estación geotermal que se encontraba allí y echando dedo nos recogieron y nos arrimaron la mitad del camino, aprovechando pasar un rato agradable con ellos. No era sino bajarnos del camión y a los pocos minutos ya nos recogía de hecho un bus escolar lleno de niños de una de las escuelas de un pueblo en Kenia; fueron muy amables los profesores que iban allí y fue toda una experiencia estar dentro del bus con todos estos niños, pues nos daban de la comida y los dulces de ellos, nos hacían preguntas y eran felices cuando tomábamos fotos, hasta nos tocó un profesor de guía; ellos nos llevaron casi hasta la salida del parque y nos despedimos desde una de las torres de piedra que caracteriza el lugar con todos los niños voleando las manos por las ventanas.


Torre central

Cañones pequeños

En los cañones

Junto a la torre central

Vista del parque

Con los niños




martes, 13 de octubre de 2009

LAGO BOGORIA


Justo el día después de llegar de Uganda (historia que contaré próximamente en espera de unas fotos), madrugué en la casa donde estaba en Nairobi viviendo y salí para la siguiente de las travesías aprovechando que ya no estaba trabajando y que tenía toda la disponibilidad para viajar; estaba acompañado de una de las personas con las que vivía, Camilo de Popayán, el hijo de la familia que me estuvo hospedando allá durante julio y agosto.

Entonces tomamos en matatu la misma ruta que lleva al interior del Gran valle del Rift, pues el Lago Bogoria era de los pocos lugares que me faltaba por conocer allí; después de unas 3 horas nos encontrábamos ya en el pueblo de Nakuru, uno de los lugares que ya había visitado anteriormente un par de veces, pues de allí salen muchas de las conexiones para el interior del valle. Tomamos el desayuno estilo keniano, con huevos extra obviamente porque o sino quedaríamos únicamente con té y hojuelas, y continuamos en el siguiente matatu a un destino llamado Marigat, un pueblo casi que en medio de la nada a casi tres horas de Nakuru, entonces no quedó más que dormir en el resto del viaje mientras el aire yendo hacia la parte más baja del valle se hacía cada vez más caliente. Cuando llegamos a Marigat estuvimos muy debuenas porque encontramos inmediatamente uno de los únicos taxis que durante el día iban a la vereda de Loboi, el único asentamiento humano que queda a la entrada de la reserva nacional que es el lago. Aprovechamos para comprar unas últimas provisiones que nos aguantaran para la caminata en la reserva el siguiente día y volver porque al parecer en ese caserío no habían opciones de comida.

Empieza entonces una imagen desoladora de los alrededores del lugar donde nos encontrábamos, pues en medio de ese caserío no había nada más que la entrada a la reserva del lago que desde ahí ni siquiera se veía porque había que caminar como una hora para llegar hasta la orilla, un restaurante que estaba cerrado y una cantina con unas personas bebiendo al lado de sus casas. Seguimos al único hotel que había en el sector que no era lo más agradable del mundo, pero según las referencias que daban me lo imaginaba peor, pero al fin y al cabo solo necesitábamos una cama para poner las cabezas una noche y hacer la caminata al parque el día siguiente, claro que el baño si era lo más asqueroso del mundo, no vale la pena ni describirlo, con decirles que prefería ir a un matorral!. Dejamos los maletines en las camas, y como no había nada más para hacer, pues nos fuimos para la entrada de la reserva a hablar con el guardabosque para organizar lo de la entrada al otro día en la mañana y nos dijo que ese día ya no podíamos entrar porque era muy tarde, a pesar de lo temprano que habíamos arrancado de Nairobi, no quedó sino resignarnos. No íbamos ni saliendo de ahí para devolvernos y el guardabosque pasó al lado de nosotros en una camioneta y nos invito a que fuéramos con él a un lugar que tenía que ir por si no teníamos nada más que hacer, como si adivinara, jaja, entonces nos montamos y nos dimos cuenta que era la camioneta oficial del municipio y nos dijo que nos llevaba a un hotel que había cerca que tenía que hacer algo; cuando llegamos era el único hotel decente que había en la zona, pero no nos alcanzaba para hospedarnos ahí, entonces sólo quedamos curioseando.

De paseo en el hotel

Paseándonos por las afueras del hotel, nos llamaron para que fuéramos a acompañar al resto de los empleados y nos metimos a una zona que se veía como más bien feita, y lo que pasaba era que en uno de los arbustos en la parte trasera del hotel había tremenda pitón, entonces lo único que se les ocurrió a los del hotel fue llamar al guardabosque de la reserva para hacer algo. Mientras todos estaban ahí, aprovechamos y le dimos la vuelta al hotel que tenía una piscina termal natural y un par de piscinas más, que en medio del lugar donde estábamos se veía como el paraíso; hasta vimos un león disecado que tenían a la entrada del hotel. Llego la hora del regreso y nos llevaron hasta el hotel, no nos quedó más que unirnos al plan keniano, tomar cerveza pero en su mejor estilo, al clima!, eso era de lo peor, estando en medio de un lugar caliente semidesértico y no tenían la cerveza fría, entonces lo tomamos como un reto, probarla como ellos lo hacen, pues de hecho en todo Kenia siempre le preguntan a uno cuando pide una cerveza: “fría o al clima?”, y pues nos salió el tiro por la culata porque esa vaina sabía como a ácido, la cosa más asquerosa del mundo; nos terminamos esa cerveza por guardar el honor únicamente, pero a la final pasamos un rato agradable en ese ambiente tan relajado.

Atardecer en la reserva

Llegó la noche y como no había sino un restaurante y nuestro presupuesto era bajo, destapamos una par de latas de atún y las comimos con unos panes que habíamos llevado y unos tomates y un pimentón que habíamos conseguido en la vereda, la verdad algo nada envidiable. Pasó la hora de la comida y se nos ocurrió irnos a caminar, nos dimos cuenta que había un atajo para entrar al parque por fuera de la entrada principal y todo y caminamos un poco en medio de la oscuridad hasta donde el miedo nos dejó por la sicosis que se nos apareciera un animal salvaje en medio de la noche, pero eso sí, alcanzamos a disfrutar de una espléndida noche de estrellas en medio de un lugar remoto y sin polución, se veía la vía láctea y tantos puntos de estrellas como si fuera un papel blanco que le hubieran puesto una tapa negra y le hicieran huecos con agujas, era algo impresionante.

Cuando ni siquiera había salido el sol, ya estábamos listos para salir a caminar, fuimos a la entrada de la reserva y no había ningún guardabosque entonces seguimos derecho con la intención de pagar la entrada al regreso, pero teníamos que aprovechar la hora antes de que el sol pegara duro, pues nos esperaba una caminata de 13 km, únicamente de ida, en medio de una zona muy seca. Al empezar a caminar nos dimos cuenta que se nos había un pequeño detalle: íbamos a caminar durante 5 horas más o menos y no llevábamos sino un litro de agua y no teníamos desayuno! No sé que estábamos pensando que se nos olvidó eso! Igualmente no era de pensar sino de hacer y arrancamos confiados que solucionaríamos el problema de alguna manera. Entonces comenzamos a caminar ya dentro de la reserva y veíamos todos los colores que reflejaban los primeros rayos del sol sobre las nubes tras las montañas que rodeaban el lago que alcanzamos a ver a lo lejos después de media hora de camino. El sendero estaba despejado, era una carretera pero no habían carros y sólo oíamos los sonidos de los animales silvestres que de vez en cuando se nos cruzaban en el camino, incluyendo algunos antílopes que pasaban corriendo y jabaliés que salían despavoridos al vernos: en fin, era un paisaje muy tranquilo.

Amanecer en la reserva

Rayos de sol sobre el lago

Vista del lago Bogoria

Pasaban los minutos y cada vez pensábamos más en la falta de agua, hasta que pasada más de hora y media ya y habernos acabado el agua que llevábamos, se acercaba lentamente desde la lejanía una moto, los primeros turistas del día, les pusimos la mano y les dijimos que si tenían algo de agua que teníamos mucha sed, cuales perdidos en el desierto, y somos tan debuenas que nos dieron litro y medio de agua regalado, pues a ellos les sobraba, no quedó más que darles las gracias; al cabo de 5 minutos ya la habíamos acabado y nos dimos cuenta que no era tanto la sed sino la desesperación sicológica de saber que no teníamos agua. Continuamos con el sendero y finalmente después de dos horas y media llegamos a la parte más interesante de la reserva: los géiseres y las aguas termales a orillas del lago. La vista era excelente teniendo el lago al fondo, manadas grandes de flamencos a sus orillas y más al fondo las columnas de humo que salían del agua caliente proveniente del centro de la tierra allí en el lago Bogoria. Nos acercamos al lago yendo directamente a la orilla y los flamencos se empezaban a ir, caminábamos más y fuimos hasta las aguas termales que eran tan calientes que ni siquiera se podían tocar; luego estaban los géiseres, chorros de agua caliente a presión que salen del interior de la tierra, y eran en serie, pues eran varios a la vez que funcionaban naturalmente humeando todo el tiempo y que hacían contraste siempre con el paisaje, inclusive los minerales hacían que las tonalidades del agua en las charcas fueran diferentes.

Los géiseres humeando

Flamencos en el lago

Quebradas termales

Mientras seguíamos disfrutando de este maravilloso paisaje, la sed hacía estragos, y más que eso, sabíamos que nos faltaban otros 13 kilómetros caminando bajo el sol de mediodía, entonces aprovechamos cerca de unos géiseres para acercarnos a los únicos turistas que en ese momento se encontraban en la reserva, venían en una gira por Kenia en un camión de lujo para hacer safaris al mejor estilo, les preguntamos por agua y terminaron invitándonos a su camión para salir de la reserva para no tener que caminar, mejor suerte no pudimos haber tenido. El camión era amplio, muy bonito y propicio para la actividad, pues como daba altura, la vista hacia la reserva era muy buena mientras ya devolviéndonos mirábamos todo desde otra perspectiva charlando con aquellos turistas de todas partes del mundo.

Termales burbujeando

Flamenco solitario

Tras los géiseres

Camión safari

En una de las paradas que el camión hacía con su guía para las explicaciones, cosa que nunca tuvimos, estábamos ya en la última parte de la reserva antes de salir viendo el lago, entonces Camilo y yo aprovechamos para ir a tener un último acercamiento hasta la orilla, les agradecimos el gran favor y fuimos caminando nuevamente; en la orilla del lago nos dimos cuenta ya por el distinto reflejo del sol que el agua del lago no se reflejaba verde sino que era totalmente verde cuando nos dimos cuenta metiendo agua en una botella, un verde muy intenso que se alcanza a apreciar en algunas de las fotos. Ya con esto nos despedíamos del lago mientras caminábamos de nuevo al hotel por el atajo sin que nos vieran porque penosamente nos dimos cuenta que si nos cobraban la entrada a la reserva nos quedábamos sin dinero para regresar a Nairobi, aunque yo no soy de ese estilo pero tocó, fue por pura supervivencia, tocó salirnos de la reserva sin que nos vieran, sacamos las cosas del hotel y justo en ese momento llegó uno de los pocos taxis que van al caserío en el día y nos volamos como unos pillos sin pagar, si tengo la oportunidad de volver seguro que pagaré doble la entrada, pero fue nuestra salvación para volver a Marigat.

Humo del géiser

Géiser activo

Verde del lago y sales en la orilla

jueves, 10 de septiembre de 2009

QUE PASO CON MI PRACTICA?

Estaba sentado en el computador en la mañana del jueves 2 de junio como regularmente estaba, sin hacer mayor cosa y esperando a que resultara trabajo, y me llega en ese momento un mensaje por el Chat de parte de la persona encargada de los intercambios entrantes en Aiesec Nairobi, lo cual me dio un mal presentimiento porque ellos nunca aparecen para nada, cuando me dijo: “en dónde está en este momento?. Necesito hablar con usted”. Me preocupe bastante pero lo dije que nos viéramos en la tarde en la oficina de Aiesec justo después de almuerzo y así fue. Nos encontramos en uno de las zonas verdes de la universidad, me hizo sentar e inmediatamente me empezó a decir: “resulta que estaba de paso por los jefes de todos los practicantes para preguntar como se iban desarrollando y cuando fui donde su jefe me dijo que lo sentía mucho pero que no tenía más trabajo para mi”. Aquí comienza todo.


Empieza ella a decirme una serie de cosas de lo que venía pasando con mi práctica que estaba hablando con mi jefe, cosas que no eran nuevas para mí pues yo desde tiempo atrás pensaba era cuánto más iba a durar en esa práctica porque la verdad no pasaba nada que demostrara una mejora en la situación. Desde que llegué a la empresa, el 21 de enero, con todas las complicaciones que tuve ya que nunca habían avisado en la empresa que yo venía desde el otro lado del mundo para trabajar con ellos, las cosas nunca pintaron bien al enfrentar al jefe de la empresa y al encargado del centro de idiomas al siempre estar sacando disculpas de porqué no habían estudiantes para mí, que era caro hacer publicidad, que con la crisis económica la gente no tenía plata, que con los próximos eventos de esos días finalmente me tendrían trabajo, cosa que nunca pasó. En resumidas cuentas, increíblemente ahora que lo pienso bien, estuve en una empresa recibiendo salario durante 4 meses para enseñar español y sólo tuve una sola clase de una sola persona, la cual fue a la primera clase después de quedarme mal varias veces y luego no volvió, y me llamaba al celular diciendo que la próxima semana iba porque estaba muy ocupada y así lo hizo un par de veces más, nunca más apareció.


Para colmo, siempre fue un enorme sufrimiento para mí el final de mes, pues como buena empresa africana, nunca pagaban a tiempo y la angustia se hacía aún peor al darme cuenta que a varios de mis compañeros de trabajo les debían ya salarios de varios meses y eso para mí era inconcebible, pues de esa plata era de la que me servía ya para sostenerme, inclusive en una ocasión, después de mucho acosar al jefe y el hacerse el loco, recibí uno de mis salarios en la tercera semana del mes siguiente al que debía ser, gracias a Dios siempre tuve plata de reserva para enfrentar estas crisis. La cultura aquí es así, Africa es difícil y su fama no es gratis, hay mucha corrupción y la gente sufre demasiado por la inestabilidad de sus posiciones y por lo que irá a pasar el día de mañana, sufrí el problema en carne propia pero pudo ser peor; la gente aquí critica todo el tiempo el sistema y a sus gobernantes y no se dan cuenta ellos mismos que son lo que han creado, pues toda su cultura es igual, de quejarse, decir que hacen y nunca cumplir; esa sería la forma mía de describir Nairobi, inestable.


Que locura ha sido vivir todo esto, una gran esperanza que siempre tuve de tener una práctica de intercambio adecuada que nunca llegó y que por el contrario con el tiempo las ilusiones se desvanecían y el miedo venía a mí por la incertidumbre de lo que iría pasar al mes siguiente, al día siguiente. También me doy cuenta que en el fondo mi organización Aiesec tiene la culpa de lo que pasa, nos hemos enfocado en vender prácticas estudiantiles para acrecentar nuestros números como una gran empresa pero hemos olvidado brindar lo más importante, la calidad. Que respondería yo a una próxima persona que me preguntara acerca de la conveniencia de una práctica con mi organización? Le pediría mucha cautela para escogerla, escoger al país al que se va lo veo más como una lotería, pues cuando estuve en India mi experiencia con la empresa fue lo mejor que pude imaginar, mientras paradójicamente llegaba por la noche a varios de mis compañeros que inclusive lloraban por las condiciones en que les tocaba vivir su experiencia de intercambio, nunca lloré esta vez pero supe en carne propia lo que es estar desamparado laboralmente y por parte de la organización estando al otro lado del mundo.


Ahora explico la parte legal y lo consecuente de la charla con la persona de Aiesec luego que me dijo que no podían emplearme más: resulta que el jefe mío estaba era pendiente de vender el centro de idiomas, pues este no funciona sólo para este fin sino que también es un centro de exámenes de certificación en lenguas extranjeras y enseñanza de computación, pero ni lo uno ni lo otro funcionó bien durante el año, pues constantemente tanto los empleados como las máquinas de la empresa no funcionaban, no había la asistencia necesaria y el jefe siempre vivió desenterado de eso, el resultado, dinero mensual que la empresa consume y cosa que no cambia al día de hoy desde donde estoy escribiendo este artículo, el paga todo eso de su bolsillo sostenido por medio de otros negocios más grandes que tiene, a veces me atrevo a pensar que de pronto esté haciendo ilegal con esta empresa pero no tengo las pruebas para lanzarme a decir ello. El menciona algunos de los negocios que tiene pendientes con esta empresa y como funciona, pero la verdad él siempre se salía por la tangente al tratar de resolver los problemas que lo acorralaban, comportamiento también muy típico de esta cultura, entonces nunca supe hasta donde creerle; a la larga él tenía razón, pues era evidente que el centro de idiomas no daba lo suficiente para ser sostenible, él estaba literalmente pagándome el salario de su bolsillo y yo involuntariamente tampoco daba beneficio alguno a la empresa, pues como hago para enseñar sin estudiantes?


Tanto Aiesec como mi jefe trataron de buscar soluciones para mi situación: por un lado, mi jefe “trató” de hablar con un par de amigos que tenían centros de idiomas, pero a la final me exigían si quedaba trabajando con ellos un término mínimo de un año y pues después de medio año aquí viviendo todo tipo de inconvenientes no creo que fuera razonable alargar mi estadía; también hubo otro amigo que tenía un centro de idiomas un Tanzania, a la final yo no tenía nada que me amarrara a Kenia, el negocio nunca se concretó por la misma situación; por parte de Aiesec, llevábamos en la búsqueda de una nueva práctica para mí inclusive desde el momento mismo en que empecé a trabajar con la empresa pues las condiciones de trabajo y la calidad de la práctica nunca fue la adecuada, pero allí viene otro factor que nunca me tragué: ellos buscando una práctica para mí? El hecho de que sean Aiesec no indica que hagan las cosas que se deben hacer, de hecho quedo de sobremanera desilusionado con las expectativas que tenía con ellos, pues quienes siempre debieron haber sido el apoyo resultó siendo la mayoría de veces el obstáculo por la negligencia misma con que funcionan, sino se les dice una cosa para que la hagan en el momento, nunca la hacen. No creo que de verdad se hayan puesto en la tarea de solucionar mi problema, pues el mío comparado con el de otros entrenados que vinieron por prácticas que nunca les pagaron y les tocó devolverse a sus respectivos países con el rabo entre las patas, pues es mucho peor que lo mío, al menos yo lograba sobrevivir de cierta manera aquí, inclusive a Aiesec en Nairobi se les suspendieron las prácticas por dos meses y no podían traer a nadie de intercambio, cumplieron el castigo y todo ha quedado en el olvido.


Ese par de oportunidades nunca llegaron a mí por parte de Aiesec, pues el mayor problema es que yo exigía una práctica paga, como lo había firmado en el contrato antes de venir a Kenia, pero la mayoría de prácticas que ellos ofrecen son para voluntariados, y pues mi perfil de profesor de español no es muy apetecido en este mercado, de debuenas logré encontrar algo para venir a Africa que fue lo que siempre quise, lástima que todo se haya dañado. Por ende la única solución tangible que me ofreció Aiesec fue volver a la práctica que tuve en la escuela del primer mes, lo recuerdan? A mí me hubiera encantado volver allá, pero saben cuál era el único problema? Me ofrecían sólo la mitad del salario, lo cual era únicamente suficiente para vivir pero no para ahorrar y viajar que es la razón verdadera por la que dejé Colombia, entonces ya no tenía sentido para mí quedarme trabajando sólo por quedarme sabiendo que no avanzaba en lograr mis objetivos. Por último, muy cínicamente la muchacha de Aiesec me dijo que podía denunciar mi caso a la Junta Internacional de calidad de Intercambios en Holanda porque ellos no podían hacer nada más y ya me habían ofrecido las soluciones que estaban al alcance de ellos, pero que a la final lo único que yo me ganaba si salía triunfante del pleito era que me decían que debía volver a Colombia y que a medida que Aiesec Nairobi consiguiera el dinero me reembolsaban los salarios de los meses restantes de mi práctica en compensación. Fin de mis opciones.


Llega entonces la hora de tomar decisiones importantes, poner todas mis cartas sobre la mesa y decidir; mis opciones eran tratar de quedarme más de un año trabajando en algo que era incierto, tomar la práctica con la mitad del salario lo cual era insuficiente para mis objetivos o denunciar mi práctica al comité internacional para volver a Colombia y que me reembolsaran lo que me correspondía: lo medité profundamente pero no por mucho tiempo, observé el ambiente que me rodeaba y tomé en cuenta las verdaderas razones por las que dejé Colombia y por las cuales ya estaba en otro continente y llegué a la conclusión que lo mejor era dejar las cosas así, dejar de luchar en contra de la corriente y tomar de la mano las ayudas que mi familia me había ofrecido en mis momentos de dificultad, entonces toda mi vida en Kenia cambió a partir de ese momento, decidí no trabajar más y renunciar a las otras posibilidades y seguir mi gran objetivo: viajar a todos los lugares que me había propuesto, incluyendo el mayor objetivo, llegar a la cima del Kilimanjaro, la montaña más alta de África.


Una vez tomé la decisión mi mente se empezó a esclarecer, pues me di cuenta que para lograr esto necesitaba solo algo de tiempo y de dinero que tenía ahorrado más con la que me ayudarían desde mi casa para seguir adelante; analicé bien las cosas y antes me daba cuenta que mis posibilidades eran empezar a viajar inmediatamente para alcanzar a ir a todos los lugares que me había propuesto y dejar en el mismo lugar la reserva de viaje que tenía para volver a Colombia, a la fecha tenía dos meses y medio para lograr todo, pues cuando compré el tiquete desde el inicio la fecha de regreso estaba fija y se suponía que yo la cambiaba para extender el término de mi práctica, pero esto ya no tenía razón de ser, entonces era dejarla donde estaba, empacar maletas y empezar a vivir la gran aventura de Africa. Desde el momento en que tomé la decisión me sentí feliz y no frustrado porque simplemente Dios y la vida me mostró otro camino, diferente al que esperaba, para lograr los mismo objetivos. Lo único que hice después fue ir a la empresa y dar las gracias por todo, quedé con carta de recomendación, las puertas abiertas para tener acceso a los computadores por el resto del tiempo en Kenia y una gran sonrisa interna por saber que de verdad estaba cumpliendo lo que me fijé.