miércoles, 17 de junio de 2009

Lamu



Eran ya las 6 de la tarde en Nairobi y apenas había acabado de comprar los tiquetes que nos llevaba a Fabio y a mí hasta Malindi, lugar de conexión con los buses que van hacia Lamu. Ya era bastante la prisa, pues no había empacado, estaba en el centro, estaba lloviendo, tenía que ir hasta mi casa y volver para estar en el bus a las 8, hora de registro para la partida del bus a las 8 y media. Cogí un matatu, el trancón era impresionante, llevaba allí montado 30 minutos y había avanzado únicamente dos cuadras; 15 minutos más, otros 100 metros; no aguante la desesperación, me bajé del matatu y un medio del aguacero salí corriendo para mi casa! una
carrera de más de 3 kilómetros en la ciudad. Había tomado la mejor decisión, pues a medida que corría por la carretera veía como todos los carros estaban atascados ya que la ciudad se para cuando llueve, pues nadie se quiere mojar, no como los manizaleños que ya estamos acostumbrados. Después de 40 minutos estaba en mi casa, con ampollas en las caderas de apretarme el canguro y correr a la vez. Empaqué, me bañé, me cambié de ropa, me despedí en mi casa… y… problemas de nuevo, el mismo trancón pero en la vía hacia el centro. Empieza la travesía de nuevo, corriendo, esta vez con el maletín en la espalda y a oscuras (por falta de alumbrado público), en medio del peligro en Nairobi, rezando para que no nos dejara el bus; ya sentía el cansancio en mis piernas cuando salí a correr de nuevo. Llegué pasadas las 8 al centro donde me encontré con Fabio; salimos rápidamente hacia el bus; 15 minutos más, llegamos al bus, éramos los últimos, me bajé de nuevo, compré una samosa (parecido a una empanada), me volví a subir, cerraron las puertas del bus y arrancamos, casi no lo logro.

Una vez en el bus, enjuagado en sudor, no trataba sino de relajarme, ya había pasado el susto. Aunque tenía hambre y el bus no paraba sino hasta media noche, me defendí con algo de mecato que había llevado Fabio y unas galletas que yo llevaba en el maletín. Reparamos el bus y nos pareció super gracioso, pues parecía un matatu gigante con toda la cantidad de luces que tenía adentro, pantallas de video y una distribución enorme de parlantes, pues en esas nos fuimos, viendo videos de música india con un buen volumen. Paramos a media noche pero seguimos sin percances, pasando por Mombasa en medio de la madrugada y llegando a Malindi a las 6 y media de la mañana. En Malindi inmediatamente conseguimos el tiquete del bus que salía hacia Lamu a las 8 de la mañana, fuimos hasta una cafetería que yo ya conocía para desayunar y el resto de la espera la pasamos en el muelle de Malindi, donde vimos como subía más el sol por el horizonte. Hora de abordar la buseta destartalada que nos llevaba a Lamu en medio del calor en la mañana, los costales y hasta las gallinas con las que compartíamos el lugar.

Cuando salimos de Malindi se veía el cambio en el paisaje urbano pues a medida que pasaban los kilómetros se notaba cada vez más la desolación en la región, era zona roja en Kenia, la presencia de bandidos o piratas de carretera, mejor conocidos como “shiftas”, predomina la región debido a la cercanía a Somalia, pues la gente de este país cuando logra escapar habita los refugios en Kenia pasada la frontera, y al ver la ausencia de ayudas vuelven a sus antiguas andanzas, especialmente sobre la carretera en el pueblo keniano de Garsen. Por allí íbamos pasando después de 3 horas de camino, no sabíamos en ese momento la cruda realidad de la región en su totalidad, pero exactamente en Garsen paramos por algo más de media hora en medio de discusiones entre el conductor, el encargado de recoger el dinero de los pasajes, personas nuevas que se montaban a la buseta, gente que cobraba por llevar los pasajeros hasta el bus y los dos guardias que nos escoltaban, uno del ejército y otro de la policía, siendo Fabio y yo los únicos Mzungus (extranjeros) que se encontraban en la carretera. Seguimos el camino sin inconvenientes y cada vez era mayor la desolación en la región, no era sino poner unas cuantas puntillas en la carretera, o quedar varados y podríamos ser blanco fácil de los shiftas, pues no había ni siquiera un kiosco para comprar una Coca-Cola en muchísimos kilómetros. La experiencia fue tan fuerte que cuando nos dimos cuenta de toda la verdad de lo que sucedía allí estando en Lamu decidimos pagar avión de regreso hasta Malindi.

Hemos llegado al puerto de embarque en tierra donde se toman los ferrys hacia la isla de Lamu después de más de 6 horas de camino en esa carretera. Abordamos el ferry público, el cual no difería mucho con la calidad de la buseta en la que veníamos y ya ni emoción teníamos de llegar a la isla debido al calor, el hambre y el cansancio. En Lamu nos bajamos y nos tocó caminar 45 minutos más para llegar a la playa donde Minal nos estaba esperando en el hotel; de hecho no vi ni el camino, mi mirada apuntaba siempre hacia el suelo para no ver cuanto me faltaba; hubo un señor local que nos acompañó en parte del camino mostrándonos la vía, llegamos a la playa, unos muchachos nos dijeron que había alguien pendiente buscándonos, nos mostraron el camino y por fin, siendo las 4 de la tarde del día siguiente estábamos en el hotel en Lamu.


VISTA DE LAMU DESDE EL FERRY


De aquí en adelante todo cambia, pasé de la pesadilla al sueño por el cual había esperado tanto programando este viaje; no era sino entrar al hotel y ya veía la imponencia de éste, al mejor estilo swajili (mezcla de África negra y árabe), por lo cual es famosa la isla entra otras cosas, un pequeño Zanzíbar. Subimos al tercer piso, allí estaba Minal esperándonos, acostada en un sofá llenos de cojines, sintiendo la brisa del mar y rodeado de construcciones similares en medio de las palmeras; había escogido el mejor hotel al precio más razonable para nosotros y como era temporada baja pagamos unos 30 mil pesos por noche en algo que tenía pinta de cinco estrellas. Fuimos a la habitación, descargamos, nos duchamos y listos para explorar el territorio.


EL HOTEL EN EL QUE NOS QUEDAMOS!


Como Lamu es una isla de un tamaño no muy pequeño, hay un par de pueblos que lo conforman, la ciudad de Lamu que es la capital y otros pueblos menores, entre ellos Shela que era donde estábamos hospedados. Bajamos del hotel a recorrer Shela rumbo a la playa que quedaba a unos 100 metros en medio de las construcciones típicas de la isla, eran hermosas las puertas que son lo más llamativo y los callejones estrechos que la componían. La playa era espectacular, estaba bajando la marea lo cual hacia que se descubriera cada vez más la arena; era ya casi atardecer y veíamos desde el agua como cambiaban los colores del cielo mientras veíamos pasar el único turista que había en esa playa haciendo kitesurf, el lugar lo teníamos para nosotros solos. Pasa el atardecer, hora de volver al hotel y es más la tentación, entonces directo a la piscina con agua dulce en la noche mientras esperábamos que los cocineros del hotel nos llamaran cuando la comida estuviera lista; cuando nos llamaron subimos a la terraza; la vista era increíble, un ambiente muy tradicional, techos de paja, la oscuridad, la luz de la luna que estaba casi llena alumbrando el pueblo, las estrellas y lo mejor de todo, la calma por el silencio de la isla ya que al ser patrimonio de la humanidad por la UNESCO se han prohibido los vehículos a motor. Trajeron la cena y todo fue alegría, descanso y contemplación en la primera noche en esta encantadora isla. Pero eso no fue todo, para completar decidimos hacer una caminata para explorar el pueblito, tomamos un par de linternas y nos metimos en medio de los callejones laberínticos; parecía un estudio de televisión o mejor aún, un cuento de hadas, pues todo se veía lleno de colores similares, en miniatura todo lo que se encontraba y un tipo de gente totalmente diferente a la acostumbrada, pues la isla es totalmente musulmana. La combinación era perfecta, veíamos en medio de la calma y la luz tenue jugar a un grupo de señores algo keniano tradicional que no entendía pero que me hacia sentir en medio de las famosas noches árabes.


ARQUITECTURA EN SHELA

CON FABIO EN LA PLAYA


LA PLAYA CON LA COMETA DE SURF


CON MINAL EN LA PLAYA


Al siguiente día vimos lo que era la temporada baja en la isla; amaneció nublado y lloviendo en medio del calor; la emoción no daba espera, subimos a la terraza a recibir el desayuno que teníamos incluido por parte del hotel, lo cual fue todo un manjar de frutas tropicales, panes, café, té, huevos, mermelada, mantequilla, chapati y hasta panqueques; nuevamente en la terraza ya con la luz del día podíamos ver verdaderamente la apariencia del pueblo de Shela, con el mar al fondo y rodeado de un par de islas, todo visto desde la terraza donde desayunábamos. Nos organizamos y salimos hacia la ciudad de Lamu en medio del aguacero que reinaba en la isla; nos mojamos hasta más no poder pero disfrutamos de la caminata junto a la playa en la marea baja y la tranquilidad del lugar. En el camino vimos uno de los dos únicos carros permitidos en la isla: la ambulancia!; era una trimoto donde cabía una camilla únicamente; el otro carro del pueblo era otra ambulancia, entonces los únicos motores que se oían eran los de las lanchas.


RESTAURANTE EN SHELA


UNO DE LOS DOS CARROS EN LAMU


Llegamos a la ciudad de Lamu; tratamos de escamparnos (aunque ya estábamos emparamados) en un hotel que tenía una cafetería en la terraza, pedimos unos capuchinos, nos prestaron toallas y pasamos el resto de la mañana allí. Cuando paró de llover salimos de nuevo y empezamos ahí sí a recorrer el pueblo. Todo era igualmente estrecho como en Shela y con el mismo tipo de construcción, la diferencia es que habían muchos lugares donde no tenían el dinero para hacerle mantenimiento a las estructuras por lo que se veía muy decaído sin dejar de ser original por la gran identidad que tiene el lugar, en mi opinión era mejor Shela pues todo era igualmente tradicional y aunque fuera más pequeño, estaba muchísimo mejor conservado aunque es menor el número de turistas que llegan hasta el lugar. Seguíamos entonces recorriendo las calles de Lamu y después de una curva una sorpresa: el único graffiti del pueblo, y adivinen que decía? Colombia! jaja, no tengo idea porque, pero no falta el turista ocioso. Muestro la foto y cuento la historia para que no vaya a creer que fui yo, jaja!.


CAFETERIA EN LAMU


CALLES DE LAMU



El hambre nos tomó por sorpresa, entonces paramos en uno de los restaurantes más apetecido por turistas y locales, pues la comida era buenísima y los precios muy baratos; allí pedimos fríjoles, los cuales los preparaba con agua de coco, troncos de carne al estilo de un chuzo y chapati que no puede faltar. Cuando terminamos nos dirigimos nuevamente hacia la playa de Shela a terminar de pasar el día en el mar, viendo el atardecer y refrescándonos en la piscina del hotel mientras sonaban por los parlantes de las 23 mezquitas de la isla los llamados a oración para toda la comunidad. Para el final del día habíamos encargado para la comida unos camarones, pues lo único que hicimos en todo el viaje para la cena era ordenar la carne, pues muy gentilmente Minal, como había volado a Lamu, llevó desde su casa en Nairobi una caja con 12 kilos de comida, incluyendo verduras, frutas, granos y hasta una botella de vino; entonces los cocineros del hotel trabajaban con lo que ella había llevado y sólo pagábamos la carne más el servicio de cocina. La comida de esa noche fue espectacular, y los siguientes días no bajaron de rango pues luego tuvimos cangrejo en salsa de jengibre y hasta calamar!. Después de la cena, como siempre, ha relajarnos en la terraza con la luz de la luna y las estrellas, escuchando música con un iPod que había también llevado Minal, acostados en los sofás y cojines de la terraza mientras reflexionábamos acerca de nuestra estadía en Kenia.


PLAZA CENTRAL DE LAMU

PUERTA TIPICA EN LAMU

MEZQUITA EN SHELA


Luego seguimos con una rutina parecida, con un día ya soleado que disfrutábamos desde la terraza a la hora del desayuno. Decidimos entonces Fabio y yo ir a la ciudad de Lamu esa mañana del día viernes a comprar el tiquete en avión de regreso, pues no queríamos repetir la experiencia anterior por tierra y teníamos que apresurarnos porque ese día es el día de descanso para los musulmanes por lo que sospechábamos que las oficinas podrían estar cerradas. Cuando llegamos a Lamu en medio del calor del mediodía nos encontramos obviamente con ese percance, lo que nos obligó a esperar un par de horas en el lugar después de asegurarnos que iba a haber servicio más tarde en el día. Aprovechamos entonces ese tiempo para ir a un café Internet, el cual tenía una velocidad (no se porqué) mejor a la de Nairobi, caminar por en medio de las mezquitas que estaban atestadas por los habitantes haciendo los ejercicios religiosos y aprovechamos para descansar en una tiendita en medio del pueblo para sentir la energía del lugar. Pasadas las dos de la tarde abrieron la oficina de la aerolínea, compramos el tiquete y regresamos a Shela. De nuevo allí pasamos el resto de día en la playa, comiendo la cena en la terraza, nos tomamos la botella de vino más tarde y en la piscina hasta recuperé una habilidad que había olvidado hace más de unos diez años: clavarme hacia atrás!, jaja, que estrés de vida en esa isla.


FABIO Y YO


SHELA DESDE LA TERRAZA DEL HOTEL


CON FABIO Y MINAL EN EL MAR


Ya casi se nos acababa el viaje y todavía teníamos planes por realizar, de hecho nos faltaba el más típico de todos, un viaje en velero. Salimos a eso de las 10 de la mañana en medio de una aguacero a tomar el velero con el capitán que habíamos negociado con anterioridad; nos estaba esperando con una canasta de comida para el viaje y un marinero para el manejo del bote. Nos subimos, zarpamos, y cada vez la lluvia y el viento se hacia más intenso, para lo cual nos prestaron un pedazo de tela impermeable para que al menos el agua con el viento no nos hiciera mucho frío. Tanto capitán como marinero estaban todo el tiempo concentrados en los movimientos precisos que debían hacer con la vela para que el viento nos llevara en la dirección correcta, inclusive me tocó ayudar un par de veces a tensionar desde el mástil bajo la lluvia mientras me golpeaba fuertemente un par de veces el lazo que la ataba, marcas rojas que quedaron en mi pecho por un par de días.


EN EL VELERO


La navegada fue espectacular al ver como cambiaba el paisaje del mar con el cambio del tiempo atmosférico, pasando entre los canales de las islas y rozando las playas de arena y manglar que se imponían en el sector. Después de un par de horas anclamos en la orilla de una playa, tuvimos la oportunidad de nadar y ver otras playas mientras el capitán y el marinero preparaban un asado de pescado que cocinaban con condimentos swajilis sobre una pequeña fogata compuesta de madera seca por debajo para calentar y madera mojada por encima que hacia las veces de parrilla. Terminamos de nadar al llamado del capitán, abordamos el velero de madera nuevamente y empezamos a devorar la exquisitez que teníamos en nuestros platos, pescao’ al mejor estilo swajili con chapati, y un par de mangos de postre. La llenura nos adormeció y caímos fácilmente en la cubierta del velero por unos minutos para reposar. Dormimos y cuando nos despertamos, zarpamos nuevamente en dirección a Shela para pasar el resto del día como de costumbre. Ese día, mientras caminábamos de la playa al atardecer hacia el hotel nos cruzamos con uno de los pocos turistas de la isla; interesantísimo porque le preguntábamos y él nos contaba historias del destino del cual había acabado de llegar, Burundi, país inexplorado y declarado hace unos pocos años como el país más pobre del mundo; para completar, él trabajaba allí de voluntario en un hospital (ya se podrán imaginar las condiciones), y le tocó ver en carne propia los problemas con los que África carga a sus espalda, lo peor en Tuberculosis, cólera y VIH-Sida. El fue muy amigable con nosotros, lo invitamos a cenar al hotel y él estaba encantado con todo, pues a pesar de estar en Kenia y todo lo que ya les he contado, él nos decía que Kenia era Disneylandia comparado con Burundi (cómo se habría sentido con nosotros comiendo calamar? El paraíso!).


PESCA'O ASA'O

ARCO IRIS

PLAYA EN EL VELERO


CONSTRUCCION EN SHELA


Madrugamos ya en nuestro último día del viaje, bien temprano para aprovechar nuestro corto tiempo al máximo, justo al amanecer para ir a trotar en la arena de la playa. Salimos entonces en medio de una hermosa vista los primeros diez minutos, pero me di cuenta que no podía correr más dado que todavía me dolían, al igual que todos los días anteriores, las piernas de la carrera que me había metido en Nairobi para poder alcanzar el bus que me llevaba hasta Malindi; me senté y dejé a Fabio y a Minal que corrieran para yo esperarlos en el mismo punto en el regreso. Fue un amanecer hermoso, no tanto por los colores reflejados por el sol sino porque tenía para mí solo una playa de 8 kilómetros, con el mar al frente, las nubes y tres arcoiris diferentes que divisaba sentado en el mismo punto. Aproximadamente una hora después llegaron ellos y nos devolvimos caminando al hotel para desayunar.


PASOS EN LA PLAYA


Con las últimas horas disponibles, salimos del hotel hacia la playa para tomar el sol y bañarnos en el mar, pero mientras los esperaba a la salida me topé con una gallada de niños musulmanes que habían acabado de salir de la escuela, Fabio y yo jugábamos con el frisby, luego los integramos al juego y ya los niños no podían de la felicidad con nosotros, todos jugando a tirar el frisby en medio de los callejones de Shela, jaja, fue sensacional y gratificante ver la diversión en los niños esa mañana. Una hora después y con el tiempo recortado, nos fuimos finalmente para la playa donde no pudimos sino estar unos pocos minutos porque nos cogía la tarde para ir al aeropuerto. Volvimos al hotel, nadamos descaradamente en la piscina y salimos rápido para Lamu en el día soleado a pesar de la intermitencia de los días anteriores.


JUGANDO FRISBY


ULTIMO DIA EN LA PLAYA


En Lamu almorzamos en el mismo restaurante donde habíamos comido antes y nos embarcamos en la lancha que nos llevaba hasta la isla aledaña donde se encontraba el aeropuerto. Una vez allí fue muy chistoso verlo, pues eran dos chozas de paja, una de cada aerolínea, sostenidas con madera, mas una choza a la entrada donde hacían la aduana; por último, detrás de una reja que lo separaba, estaba allí la pista de aterrizaje. Durante la espera conocimos a un par de españoles que nos acompañaron durante el vuelo y antes de partir nos despedimos de Minal, pues ella pudo quedarse tres días más en la isla. Al abordar sentimos inmediatamente de nuevo el aire acondicionado y la tecnología que nos rodeaba para despegar y decirle adiós a los shiftas desde los aires, jaja!. Volamos por toda la línea costera keniana hasta Malindi nuevamente, con paisajes espectaculares de Lamu, las playas, las nubes y el mar. El aeropuerto de Malindi no cambió mucho en comparación con el de Lamu, pues poseía las mismas dimensiones, con la única diferencia que en vez de paja, la construcción era de concreto; un paso fuera de la construcción y estábamos ya literalmente en las calles de Malindi, donde pasaban los matatus y nos recordaban el regreso a la civilización al estilo de Kenia. El día lo terminamos en las playas de Malindi, reflexionando acerca del gran viaje, tomando gaseosa en la playa esperando el bus que nos llevaba durante toda la noche hasta Nairobi para volver a la realidad del mañana con un día nuevo de trabajo.


AEROPUERTO DE LAMU


ATARDECER EN LAMU

viernes, 12 de junio de 2009

Los Lagos del Gran Valle del Rift

El Gran Valle del Rift es la separación más grande del mundo de dos placas tectónicas que haya dejado vestigios visibles sobre la superficie terrestre. Es el valle más grande del mundo y su longitud va hasta más de unos 5.000 kilómetros, abarcando desde la península arábiga, pasando por Etiopía, Kenia, Tanzania y llegando hasta Malawi dando una forma de J; su ancho es variable, siendo en su mayoría de varios kilómetros. El tramo de este valle en Kenia es muy imponente y al pasar por allí se puede ver la inmensidad que la madre Tierra ha dejado en su tránsito.


Localizado a unos cuantos kilómetros de la capital, es posible visitar esta maravilla de la naturaleza, principiando por un pueblo llamado Limuru, desde donde se tienen vistas extraordinarias del valle, y haciendo varias paradas a lo largo de éste sobresalen varios parques nacionales, cráteres de volcanes y lagos tanto dulces como salados.


LAGO BARINGO


Teniendo disponible todo un fin de semana con puente incluido, decidí empacar maletas a última hora porque supuestamente tenía que trabajar el domingo, entonces quería irme a conocer lo que más pudiera de los lagos del Gran Valle del Rift. Para esta aventura me acompañó Fabio (Brasil), Ashish (India) y Herve (Camerún); todos entrenados de Aiesec pero de otro comité diferente al que yo pertenezco.


Fue muy gracioso a la hora del encuentro el día siguiente, porque cuando Herve y Ashish llegaron, tenían todo en bolsas plásticas para un viaje de todo el fin de semana. Decidimos por lo tanto ir esa mañana, alrededor de las 7 de la mañana, a buscar un supermercado donde pudieran comprar un maletín, jaja. Luego de encontrarlo y comprar algo de mecato, nos fuimos para la estación de matatus que se dirigían hacia un pueblo llamado Nakuru, pues era lo que más lejos podíamos llegar para tomar la siguiente conexión. Nos fuimos en un viaje de aproximadamente tres horas, pasando por Limuru y teniendo la impresionante vista del ya conocido Monte Longonot.


Una vez en Nakuru, buscamos la siguiente conexión en otra estación de matatus que se dirigía hacia el norte del valle del Rift y coincidencialmente tomamos el único transporte del día que iba hasta el lago Baringo, muchos debuenas!. Después de una hora y media de espera, y comiendo ensalada de frutas en la calle (a 900 pesos!), partimos hacia el lago. Inmediatamente salimos del pueblo se empezó a ver el cambio drástico en el paisaje, pues todo cambió a colores ocre y se tornó más seco. Veíamos esporádicamente vendedores de miel de abeja en la carretera unicamente, hasta que paramos en la penúltima escala, un pueblo muy pequeño llamado Marigat; allí nos tocó esperar otra media hora hasta que cargaran más pasajeros. Después de casi una hora más llegamos al destino, el caserío de Kampi Ya Samaki, a orillas del lago Baringo.


Antes de llegar ya habíamos observado desde la carretera el tamaño del lago, el cual era bastante grande para estar en ese terreno tan seco. Lo primero que hicimos fue encontrar un hotel, lo cual fue bastante fácil más que todo por el precio, pues era muy barato y tampoco teníamos más opciones por la falta de turismo en la región (4.500 pesos la noche), pero por lo menos era lo suficientemente limpio. Salimos de ahí para buscar algo de comer, pero acordamos esperar hasta la noche para la cena completa, pues ya eran más de las 3 de la tarde y queríamos conocer el lago el mismo día, entonces lo organizamos con pan y Coca-Cola, como siempre. En la oficina de turismo del caserío había una persona, con la cual organizamos el viaje en bote por el lago, aproximadamente dos horas para el atardecer. Llegamos al lago, se veía hermoso con los contrastes de colores oscuros, tomamos fotos y emprendimos nuestro paseo.


EN EL LAGO BARINGO


VISTA DEL LAGO


HERVE, FABIO, AHISH Y YO


Arrancamos entonces en la lancha a motor muy lentamente bordeando las orillas del lago. Empezamos viendo una gran diversidad de pájaros, pues el sitio es muy diverso y ha sido declarado sitio Ramsar (reserva acuática protegida por su variedad de aves), y también veíamos gente local que se bañaba desnuda (como en la mayoría de lagos aquí en las zonas alejadas). No llevábamos ni siquiera 300 metros y repentinamente avistamos un cocodrilo!, pues este lugar es muy conocido por la gran abundancia de estos reptiles y también por los hipopótamos que habitan allí; obviamente cuando tratamos de acercarnos se escabulló en el agua. Siguiendo por la orilla vimos unos cocodrilos más y nos dirigimos luego hacia una de las islas en el centro del lago, Parmarok. Esta isla fue bien impresionante, pues está desolada y por lo mismo hace que haya una gran población de cocodrilos, también debido a sus orillas rocosas, entonces fue el lugar perfecto para tomar unas buenas fotos de estos animales. También habían muchas águilas de gran tamaño.


PAISAJE


COCODRILO



Al rato nos devolvimos hacia al otro lado de la orilla de donde habíamos partido, y cuando nos estábamos acercando, oh sorpresa!, una manada de 5 hipopótamos salían a respirar a la superficie!. Nos tratamos de quedar en el mismo punto pero ellos se hundían, desaparecían y cuando volvían a sacar la cabeza ya estaban como diez metros más cerca del bote. Preferimos entonces no arriesgar y nos alejamos por las orillas nuevamente. Más adelante veíamos varios tipos de aves bastante curiosas por las formas en sus picos, tamaños y largo de sus patas, pero sin antes terminar la sesión con un nuevo grupo de hipopótamos, los cuales parecieron más amigables y aprovechamos para las fotos. Finalmente, el lanchero nos llevó cerca al centro del lago para ver el atardecer y regresamos a nuestra base.


LAGARTO


PAJAROS DE COLORES


AGUILA


HIPOPOTAMO


En la noche ordenamos pescado en el hotel, pues es la especialidad del caserío ya que lo secan al sol para el transporte posterior. Eran enormes, super baratos y deliciosos, entonces a comer pescado con chapati!. También aprovechamos la noche para dar un paseo caminando por el caserío, que al estar tan alejado, poseía una vista hermosa de la noche estrellada.


Al siguiente día, ni corto ni perezoso madrugué y desperté a mis compañeros para ir a ver el amanecer. Caminamos hacia las orillas del lago, y luego de pasar un pequeño inconveniente por un borracho que nos quería sacar de “su playa”, logramos ir a la terraza de la junta comunal. Fue increíble ver todos esos colores reflejados sobre la superficie del lago y las diferentes tonalidades del cielo causadas por la polarización de la luz. De ahí en adelante fue cuestión de continuar, pues volvimos al hotel, empacamos, y ya estaba el único matatu del día esperándonos para volver a Nakuru, cosa que nos tomó unas tres horas a través de dichos paisajes nuevamente. En Nakuru tomamos otro matatu por una hora para llegar a nuestro nuevo destino.


REFLEJO DE COLORES


TODOS EN EL LAGO


AMANECER


LAGO ELEMENTAITA


Luego de bajarnos en del matatu en medio de la autopista que lleva de regreso a Nairobi, ya se divisaba aquél lago que nos habíamos antojado de conocer, pues desde la carretera se ve su inmensidad líquida interrumpida por parches de color rosa, flamencos!. Cruzamos entonces las rejas por la puerta principal de la comunidad que habita en las orillas del lago ya que sus terrenos son propiedad privada, descendimos un par de kilómetros y ya bordeábamos sus orillas que se encontraban en parte secas. Fascinante era observar esas grandes manadas de aves rosadas trabajando en comunión buscando alimento en estas aguas mineralizadas por los yacimientos termales.


LAGO ELEMENTAITA


PAISAJE ALREDEDOR DE ELEMENTAITA


FLAMENCOS DE ELEMENTAITA


A pleno sol de mediodía seguíamos caminando por sus orillas, lo cual hizo que tuviéramos que pensar en un plan diferente, entonces nos enlutamos sin saber por unos 6 kilómetros para buscar algo de tomar!, y lo peor de todo es que cuando llegamos en medio del cansancio nos pareció tan caro que no compramos y nos conformamos con las botellas de agua caliente que teníamos en los maletines. Fue tan dura la caminata que a la final Herve y Ashish, los cuales no están acostumbrados a viajar, se rindieron, se despidieron, volvieron a la carretera por un atajo y se devolvieron para Nairobi. Fabio y yo decidimos que era cosa del cansancio, entonces simplemente buscamos un lugar con sombra y buena vista para pasar la ola de calor. Caminamos entonces de bajada hasta una peña donde se podía divisar la mayor parte del lago y nos sentamos junto a un poste (nosotros lo vimos así, pero oficialmente era un monumento, jaja); allí charlamos, desbaratamos el mundo y lo volvimos a armar, comimos mecato y hasta escuchábamos música mientras veíamos como volaban por ratos manadas enteras de flamencos en una misma dirección en búsqueda de nuevo alimento.


EN LA PANORAMICA DEL LAGO


FLAMENCOS SIN FIN


Pasado el medio día, decidimos ir a las orillas del lago nuevamente y descendimos por un sendero. Estábamos otra vez cerca, inclusive más cerca de los flamencos, los cuales se dejaban fotografiar, pero lo magnífico era cuando salían las mandas enteras a volar en un gran espectáculo de colores natural. Seguimos por la orilla sur porque nos habían recomendado las personas locales unos termales que se encontraban en el lago, hasta que vimos tres niños y una mujer local, la cual estaba también desnuda, sentados junto a unas rocas en un charco. Me acerqué y me di cuenta que el charco, que estaba conectado con el lago, eran las aguas termales; dejamos los maletines a un lado y en boxer nos metimos al agua. Todo el paisaje se oscureció por las nubes y cada vez hacia más frío, lo cual hacia que disfrutáramos cada vez del agua, que en algunos puntos estaba peligrosamente caliente ya que el agua no salía de paredes sino directamente del suelo en el que estábamos acostados. Ahí pasé el resto de la tarde sin hacer mayor cosa que tocándome la piel, pues la consistencia del agua termal era jabonosa y se sentía una sensación de suavidad extrema. Cuando ya nos iba cogiendo la tarde aprovechamos para pegarnos de una familia india que había llegado hacia unos minutos y que se devolvían hasta la carretera, pues caminando para nosotros hubieran sido unos 45 minutos o una hora. Esperamos el matatu sobre la autopista, nadie nos recogía, después de reirnos un rato por hacer el chiste empezamos a echar dedo, y pues fue la única solución porque había acabado de oscurecer y todos los transportes estaban llenos, paró un muchacho de la región y muy amablemente nos llevó hasta el pueblo más cercano para que pudiéramos tomar un matatu desde un terminal y no arriesgarnos, inclusive esperó a que arrancáramos en el siguiente y fuimos rumbo a Naivasha, el cual era nuestro siguiente destino, pero como llegamos tarde en la noche, estaba lloviendo y no teníamos hotel, para los mismos efectos en el mismo terminal de Naivasha cogimos matatu hacia Nairobi para dormir en la casa mejor y volver al día siguiente debido a su cercanía a la capital.


EMPRENDIENDO VUELO


EN LOS TERMALES


REFLEJO DE FLAMENCOS


LAGO NAIVASHA


Como conté en un artículo anterior, yo ya había ido al lago Naivasha, con Hash (el hermano de Minal), su esposa y su hija, de picnic en uno de mis primeros paseos aquí, lo que pasa es que cuando fui estuvimos en una de las orillas del lago y nos devolvimos temprano porque Hash no se sentía bien, entonces yo quedé con ganas de volver para explorar los alrededores que me habían dicho son bien interesantes.


Después de madrugar en la casita y descargar la mayoría del equipaje, Fabio y yo nos fuimos al centro de Nairobi nuevamente para tomar el matatu a Naivasha, cosa que nos tomó más de tres horas, casi no salimos, estábamos llegando al centro de Naivasha a mediodía. Posteriormente, tomamos otro matatu que se iba bordeando las orillas del lago detrás de la mayoría de propiedades privadas y campamentos públicos, paramos en uno de estos últimos y alquilamos un par de bicicletas. Seguimos entonces descendiendo por las colinas alrededor del lago mientras Fabio tomaba ritmo nuevamente porque no se sentía bien manejándola, tanto así que en una de las frenadas cuando saltaba de la bicicleta votó las gafas de sol, inconveniente que nos tomó algo más de una hora de búsqueda y misión que no tuvo éxito.


ALREDEDOR DEL LAGO NAIVASHA


Pasado el mal momento retomamos camino y veíamos esporádicamente el lago y sus alrededores, hasta que de repente, justo al lado de la carretera, una manada de cebras en una manga!, obviamente paramos a tomar fotos, acercándonos tanto como podíamos sin que se asustaran. Después de la emoción seguimos pedaleando y llegamos a una región que servía de paso natural de vida silvestre desde un parque nacional adyacente hacia el lago, en toda parte decía que era prohibido cruzar las propiedades junto a la carretera e inmediatamente empezamos a ver el gran festín de animales salvaje que andaban libres por las afueras de Naivasha, como quien dice, safari en bicicleta! ujuu!. No era sino bajarme de la bicicleta al lado de la berma y ya divisaba un par de jirafas!, cosa que hizo que “infringiéramos la ley”, entonces empezamos a caminar entre los arbustos. Nos acercábamos y asustábamos ya a un par de jabalíes cercano a nosotros. Las jirafas se escapan, nosotros las seguíamos y nos llevaron hasta unas manadas más grandes: jirafas, cebras, jabalíes y hasta antílopes!. No sabíamos donde tomar fotos al ver semejante paisaje mientras poníamos cuidado que nadie se nos fuera a llevar las bicicletas y tampoco que nos pusieran problema por cruzar las propiedades, todo era silencioso. Decidimos seguir luego en la carretera pero nos llevó muy lejos, era el fin de ésta, entonces el resto de la tarde la gastamos sentados en las orillas de la carretera, con nuestras bicicletas y viendo como pasaban y jugaban en frente de nosotros casi al atardecer toda esta variedad de vida silvestre.


ANTILOPES

JABALI

CEBRA

JIRAFAS AL FONDO

ANTILOPE CRUZANDO LA CARRETERA

JIRAFA EN NAIVASHA


miércoles, 10 de junio de 2009

Lago Magadi

Debido al difícil acceso a la región remota donde se encuentra este lago, tuvimos que alquilar un campero para llegar hasta allí, y como nosotros mismos podíamos manejarlo debido a que la ley acá permite conducir automóviles hasta por un año con la licencia del país de origen para extranjeros (con experiencia superior a dos años), entonces volvimos de este paseo una total aventura.

Al armar el paseo, Gabor y yo registramos nuestros pases en la empresa que nos alquiló la Toyota RAV 4x4 y que recogimos el día anterior al viaje. Por idea de Gabor, nos pudo la tentación, le echamos gasolina y nos fuimos a dar vueltas gasolineando por la ciudad, jaja! muchas fiebres, que boleta!, entonces nos dirigimos al centro comercial Village Market en las afueras de la ciudad. Cuando cogí el carro que embolate tan berraco al ver que manejaba el volante desde el lado derecho como en la mayoría de las antiguas colonias inglesas, entonces me fui a dos por hora para ir ganando confianza. Esa misma noche casi nos chocamos dos veces mientras manejaba Gabor, pues maneja super rápido, no lo hace bien y además va siempre a la ofensiva con los carros, pitando y corrigiendo a todo momento. En el Village Market jugamos unas cuantas partidas de futbolito de mesa (siempre me ganó) y comimos crispetas, pues era sábado en la noche. Al día siguiente madrugamos a recoger a Pablo y a Marjolein (una amiga holandesa), paramos en un supermercado para abastecernos y rumbo hacia el lago Magadi.

No habíamos siquiera salido de Nairobi y mientras Gabor manejaba….pues sí, nos chocamos!, le dimos a un matatu por detrás; para colmo Gabor empezó a echarle la culpa al conductor del matatu sabiendo que él había sido el que había pegado por detrás, y nos escapamos en medio del tráfico, pues igual el golpe no había sido muy fuerte, pero con eso confirmaba las sospechas del día anterior donde yo creía que el mal manejo de él era paranoia mía, y justo antes del momento del choque Pablo me venía diciendo: “que man tan bruto pa’ manejar!”.

Después de media hora en carretera, y pasado el susto, paramos en un pueblo a desayunar. Al parquear observamos si había daño en el carro, pero nada visible, pues el mataburros era bastante grande, metálico y fuerte. Mientras comíamos, finalmente Gabor aceptó entregarme las llaves, pues es super fiebre a los carros y cada vez que le pedía las llaves se emberracaba, eso era cosa seria. Seguimos entonces en el camino, tanqueamos y después de unos kilómetros el terreno se pusó difícil, pues estaba llena de rotos la carretera. A medida que nos alejábamos, el paisaje se ponía cada vez más seco y rural, y se veían ya al final sólo veredas de tribus Maasai, la más famosa de todas en Kenia por el parque nacional para safaris Maasai Mara, por sus vestimentas y accesorios típicos tan coloridos. Paramos un par de veces en el camino a tomar fotos en este paisaje tan africano, y en una de esas pues Gabor no se aguanto y me tocó cederle las llaves de nuevo… comienza el susto de nuevo… pero al poco tiempo ya divisábamos por fin al lo lejos el lago Magadi, en la frontera con Tanzania.


EL CARRO Y LOS NIÑOS EN EL CAMINO


PAISAJE Y CASERIO MAASAI


MAASAI EN LA CARRETERA


Parqueamos en medio de una recta para observar la extensión del lago desde la lejanía. Era algo muy diferente y extraño, pues este lago es riquísimo en sales minerales provenientes de las profundidades de la corteza terrestre, lo cual hace que al salir a superficie en forma de aguas termales ésta se evapore y sólo deje las sales, lo cual a través de los siglos ha formado una costra de sal que cubre más de la mitad del lago, volviéndolo así el segundo lago salado más grande del mundo. También se alcanzaba a ver una gran planta de producción de sal que conectaba con una ferrovía que facilitaba el transporte a la costa para su posterior embarque para la exportación de productos. Entonces tanto el difícil acceso al lugar como la industrialización son los factores que hacen que a este lugar vengan tan pocas personas a visitarlo.


LAGO MAGADI


PLANTA DE PRODUCCION DE SODA


Justo a un lado, al llegar a la entrada del complejo de la planta de producción, había una bahía salada que hacia parte del lago pero que no tenía costra de sal, lo cual hacia posible el establecimiento de flamencos. Desde allí se veían a lo lejos, paramos a tomar unas cuantas fotos. Luego pasamos junto a la planta principal, por una de las orillas del lago buscando la vía que nos cruzaba al otro lado por todo el centro del lago en el carro, pero vimos que cada vez nos alejábamos más y terminamos estando un par de kilómetros por fuera al no encontrar la vía, entonces decidimos hacer un alto en el camino para divisar el paisaje. Seguimos en el carro y nos metimos literalmente en la sabana africana con los arbustos que lo circundaban al no haber carretera y fuimos hasta una colina para tener una mejor perspectiva. Subí primero al lugar caminando mientras los otros se alistaban y al ver que la vista no era la mejor me devolví al carro, les dije que no había necesidad de ir, pero no me hicieron caso; me dejaron solo, con las llaves del carro, se me vinieron ideas varias a la cabeza, prendí el carro, busqué una planicie de arena libre de arbustos y empecé a derrapar sin control haciendo círculos sobre el mismo punto, jajaja, parecía un niño chiquito dentro de un juego de video, pues tecnicamente no había forma de accidentarme. Cuando ellos volvieron de la colina vieron desde arriba la estela de polvo que estaba dejando, se emocionaron y nos empezamos todos a rotar el carro por turnos para hacer lo mismo, jaja!.


BAHIA DE LOS FLAMENCOS

DERRAPANDO EN LA SABANA


Pasada la emoción nos devolvimos al lago por la misma vía para encontrar el paso por el centro del mismo. Tomamos una de las desviaciones sobre los rellenos de arena en el lago y por fin encontramos el camino junto a tuberías que transportaban agua y materiales varios a lo largo del lago. Paramos varias veces en el camino, pues ya de cerca se veía ese paisaje tan raro de costra de sal, que si uno tocaba inmediatamente se resquebrajaba, mientras cambiaban los colores opacos de la costra con las cantidades diferentes de los minerales allí encontrados. Finalmente llegamos a la parte donde se acababa el camino y se divisaba unicamente agua, era también espectacular el paisaje. Decidimos devolvernos, no sin antes parar de nuevo junto a los flamencos.


VISTA DEL LAGO


ACERCAMIENTO EN LA COSTRA DE SAL


LA OTRA PARTE DEL LAGO


En el camino de regreso, después de unos 25 Km. de camino, nos dimos cuenta que ya se nos iba a acabar la gasolina, y con la sed que teníamos paramos en la primera vereda que encontramos junto a la carretera para comprar gaseosa, pues no importa donde se encuentre uno en el mundo alejado de la civilización, puede que uno no encuentre agua, pero siempre se verá una Coca-Cola, que cosa tan brava!. La parada allí fue muy interesante pues estábamos completamente rodeados de gente Maasai, que a duras penas sabían unas cuantas palabras en inglés, menos uno junto a una tienda que fue quien nos ayudó, pues las personas de esta tribu no son para nada amigables. Ya veníamos vario rato buscando tomar fotos de las personas de esta tribu, pues lo que siempre se ve en TV es porque han pagado, pues cuando uno va al parque nacional Maasai Mara, ellos le cobran a uno 20 dólares por cada foto con ellos, es una locura!, están muy metidos en el cuento del mercadeo ya debido la emoción indiscriminada de los turistas, y si uno le da por no pagar se gana un problema con esa gente, pues ya lo tienen como modo de vida, super descarados me parece. En fin, le pedí al Maasai que nos estaba ayudando que si podíamos tomar aunque sea unas fotos del pueblito pues le dijimos que nos gustaba, y él no le vio problema a eso, y yo aproveché con la super cámara de Gabor, y de pura pica, con el super zoom de la cámara, le tomé un par de fotos a unos cuantos Maasai sin que se dieran cuenta, jaja, pues las fotos de ellos lo han vuelto el producto comercial más apetecido por los turistas en Kenia y no me podía quedar sin una, pues inclusive ellos cobran por fuera de la reserva así uno ya los conozca (10 dólares me había pedido un celador Maasai en Mombasa, que tal!). Muy agradecidos entonces nos fuimos de aquella vereda pitando como locos, pues ya habíamos tomado la decisión de regresar al lago, pues si seguíamos en la misma dirección la próxima estación de gasolina quedaba a unos 70 kilómetros de allí y nunca hubiéramos llegado con la reserva.


NIÑOS EN EL CASERIO MAASAI


De nuevo en el lago, donde nos tocó registrarnos de nuevo, fuimos hasta el pueblito industrial que había allí y tanqueamos finalmente. Justo antes de salir, se me acercó un Maasai, hablándome en Swajili, que yo entiendo a medias tirando a mal, me dijo que si lo llevábamos en el carro, les pregunté a los otros que si no había problema, y no era sino que pasara una cuadra y yo ya les estaba diciendo que esa era la oportunidad de tomarle la foto a un Maasai, pues no le ibamos a cobrar la llevada, como normalmente acostumbran acá, sino que cuando lo dejáramos le decíamos que si nos podíamos tomar unas fotos con él. A las tres cuadras llegamos a una desviación en la carretera para salir del pueblo y el Maasai me empezó a decir cosas que no entendía, entonces paré, le pregunté y me dijo que el iba era pero para otro lado, me tocó decirle que pena que no lo podíamos llevar, pero como ya había visto nuestra buena intención de llevarlo pues aproveché y le dije que si nos dejaba tomar una foto con él y ahí mismo dijo que sí!!, por fin! y gratis. Lo más chistoso de todo fue que cuando le estaba tomando la foto a Gabor le sonó el celular al Maasai y quedó en la foto todo tradicional y hablando por celular, super curioso.


FOTO OFICIAL CON EL MAASAI!


Siguiendo ya en el camino de regreso, habíamos ya desde antes planeado parar en un sitio arqueológico que quedaba de paso, entonces cuando vimos el letrero nos desviamos. El lugar se llamaba Olorgasailie y es un sitio donde hay vestigios de establecimiento humano de la edad de piedra!, principalmente se ven hachas de mano en piedra, y huesos fosilizados de un elefante y un hipopótamo que habían sido cazados por los humanos (o Homo erectus en ese momento). Una vez allí, entramos por un museo pequeño donde contaban la historia del lugar y nos enrutamos hacia los arbustos por donde estaban los hallazgos originales, los cuales estaban cubiertos por techos y señalizados con una breve explicación a pesar que llevábamos un guía. El paisaje del valle en este lugar era muy bonito y dio lugar a varias fotos también por el complejo arqueológico. Finalmente, sacamos de las bolsas el almuerzo en una cabaña que había en el sitio a eso de las 6 de la tarde, pues tan emocionados estábamos que se nos había olvidado y le entregué las llaves de nuevo a Gabor al rato de haber salido, ya había oscurecido y estaban dañadas las luces, cosa que lo hizo manejar despacio.


OLORGASAILIE


NIÑO MAASAI


FINAL DEL VIAJE EN OLORGASAILIE


El Carnívoro

Este es un restaurante que queda en las afueras de Nairobi y es el más famoso de la ciudad. Está entre los mejores 50 restaurantes del mundo y es el mejor de todo el este africano, todo esto debido a su especialidad, el ñama choma (carne asada) de todas las variedades, ¡incluyendo un par de carnes de animales salvajes! Obviamente casi todo turista (o mzungu, como nos dicen acá) que pasa por Nairobi, viene a este restaurante.

Mi amigo Pablo, el cual está trabajando para una compañía que organiza safaris, nos consiguió un descuento a todo el grupo de amigos que ibamos para allá, pues el restaurante es del tipo “all-you-can-eat” (o sea que uno puede comer hasta reventarse y vale lo mismo) y el precio de la comida era de 85.000 pesos por persona, con el descuento nos quedó a cada uno en 60 mil pesos. Quedé entonces yo a cargo y al final logré reunir a un grupo de 12 personas para ir allí.

Cuando llegamos, vaya asombro! Pues casi todo el restaurante estaba lleno y raramente había gente local, extranjeros a cualquier lado que mirara. Nos asignaron una mesa, la cual nos cambiaron después porque fuimos más gente de la que esperaban con la reserva que teníamos….y a esperar para ver que tenían preparado para nosotros. Entonces pasó un primer mesero tomando la orden de las bebidas (que no estaban incluidas, pues eso es parte del negocio), luego llegó otro a explicarnos el procedimiento; nos trajeron primero unas tazas con sopa de vegetales que estaba buenísima, con unos panes con mantequilla, lo cual me pareció bien curioso, pues las sopas no hacen parte de la gastronomía africana. La sopa no se la tomaron la mayoría diciendo que no los iban a embobar y que se querían llenar sólo a punta de carne, jaja!. Luego trajeron unas bandejas de varios pisos donde había una variedad de acompañamientos para las carnes, entre los cuales habían salsas, ensaladas, arroz, vegatales, etc, y para cada uno un plato caliente sobre la mesa… aquí empieza el festín: pasa el primer mesero con una tanda de papas asadas y costillas de cerdo, seguido de otro con muslos de pollo, ambos deliciosos, en especial el condimento de los muslos, quien lo imaginaría?. Cuando apenas estábamos empezando, trajeron filetes de cerdo cortados directamente desde el chuzo donde estaban las porciones, el mismo procedimiento para la carne de cordero, alas de pollo en salsa de miel, filete de res, hígado de pollo, pavo y para rematar, albóndigas de avestruz y carne de cocodrilo! jaja! Estuvo buenísimo!. El avestruz nunca supe a que sabía, pues las albóndigas estaban bastante condimentadas y no sentía un sabor real de la carne pero me gustó mucho, y el cocodrilo tenía un sabor y textura exactamente entre el pollo y el pescado. Mi favorito de la noche fueron los filetes de res que estaban de una calidad excelente, asado a ¾, y por lejos mucho mejor que cualquier tipo de carne en Kenia, pues la calidad acá de la carne no es muy buena que digamos.

EN EL RESTAURANTE

Eso no es todo, pues los meseros seguían trayendo cualquier tipo de carne para repetir, pero yo “a duras penas” me comí una porción de cada carne de cada tipo pa’ probarlas todas, jaja, que tal el descarado! además repetí dos veces más carne de res; la verdad no sé donde me cupo toda esa comida. Cuando nos cansamos todos de comer, bajamos una banderita blanca de papel que había sobre la mesa en señal de rendición, demasiada comida, pues yo sentía como si tuviera un ladrillo en el estómago que no me dejaba parar de la silla. En ese momento llegó otro mesero con otra carta donde podíamos escoger un postre y café o té. Para completar pedí un postre de piña que acompañé con el helado que un amigo no quiso comer y finalmente la tasa de café para bajar todo. Ya no quería ver más comida como en una semana.